Una obra de la muestra

Tü Opinión  

Hablamos de conmover...

Laura Boj analiza la muestra de Santiago Ydañez

  De emoción, de esa emoción fugaz de la sorpresa, esa que no necesita raciocinio, que simplemente inquieta y eriza el vello antes de que puedas conceptualizar lo que ha ocurrido. Ese sentimiento que muchas veces ejerce la música, cuando el sonido se apodera de la conciencia y expande el alma más allá de los limites de la piel. Esa sensación que ocurre pocas veces y por eso es más especial y estremecedora, sucede de modo natural a consecuencia de un estado de ánimo propio, alterado por una percepción de la realidad externa.

  Tenía 16 años cuando, recorriendo la catedral del Vaticano, me encontré llorando antes de poder darme cuenta de lo que estaba viendo: era la Piedad de Miguel Ángel. Intenté que nadie me viera llorar y nunca he sabido el porqué de esa emoción. Tampoco me lo he preguntado, simplemente así fue. Una imagen consiguió llegar a una parte muy profunda de mí, tocarme e irse dejando esa conmoción que aún recuerdo. Lo mismo ocurrió cuando por primera vez vi cara a cara las pinceladas de Dalí, un escalofrío y una lágrima. O con el Guernica de Picasso, que me dejó el escalofrío y un suspiro...

  No lo esperaba y al entrar a las salas del Castillo de Santa Bárbara y buscar sobre las paredes las obras que ya había visto reproducidas, en un segundo, un escalofrío... Hacía mucho que no me estremecía de ese modo: sin llegar a asimilar conscientemente la imagen, sólo los trazos, la fuerza de las pinceladas. La percepción descubre, en un segundo, todo el proceso de creación, la fuerza en la ejecución, las formas... Se percibe antes de verse y te emociona. Son obras creadas para la ocasión en homenaje a nuestras tierras. Y sinceramente, para mí esta vez poco importa el tema, es el modo, es la emoción. Hablamos de conmover.

Mare Nostrum de Santiago YdañezEn las Salas de Exposición Castillo de Santa Bárbara de Alicante.

 

Del 3 de septiembre al 24 de octubre.